A medida que avanzan estos días de obligado encierro, veo
que también avanzan las voces y artículos de científicos con predicciones,
progresiones matemáticas, físicas e incluso los que en mitad de una situación
tan excepcional y tan dura, en la que nos hemos tenido que aislar de nuestros
mayores y personas más vulnerables, se lanzan a decir que todo era evitable. La
lectura, que recomiendo, del artículo de Carlos Beorlegui “La cooperación como clave de la selección natural” en la
revista electrónica Tendencias 21 del que comparto al final el enlace, me ha
animado a llenar parte de mi encierro escribiendo mi opinión al respecto de
estas afirmaciones.
Lo primero que me viene a la cabeza tras escuchar y leerles
es la falta de oportunidad de tales afirmaciones. Está bien no tratar a la
ciudadanía con paternalismos y contar las “verdades”, pero creo que en este
momento precisamente, en mi opinión, no sólo no aportan mucho para mejorar o
acortar la situación, creo que adolecen
de la empatía más mínima.
Leyendo más detenidamente los artículos y las voces que se
manifiestan en este momento en este sentido, me recuerdan a aquello que
estudiamos en las escuelas de la “lucha de las especies” y la selección natural
de Darwin. Os acordáis? la supervivencia
era la ley del más fuerte, ese era el planteamiento científico, era la “verdad”,
se trasladó a la sociología, a la antropología y algunos aún siguen en ese
punto.
Al igual que la “verdad” de la supervivencia del “más
fuerte” ha evolucionado, las verdades” científicas que estamos leyendo, creo
que pueden ser puestas como opiniones más que por verdades, por el mismo motivo
que daban los autores que llamaron la atención sobre la incorrecta
interpretación de la selección natural de Darwin como la supervivencia del más
fuerte. Pusieron encima de la mesa que el fundamento de la supervivencia de las
especies es la capacidad de adaptación, de colaborar y en el ser humano el
altruismo. Es decir, pusieron encima de la mesa otras variables relacionadas
con comportamientos impredecibles por su creatividad, especialmente en el ser
humano y que fueron olvidadas en la interpretación que se le dio en el siglo
XIX, en plena emergencia del capitalismo duro, por eso forma parte de la lógica
que se interpretara esa lucha por supervivencia como una feroz lucha por los
propios intereses ante escasos recursos y acompañado de otros seres con igual
interés en sobrevivir.
Lo que no tiene lógica es que actualmente algunos científicos
se aventuren con sentencias camufladas de verdades, amparadas en el método científico
y que acaban siendo interpretaciones particulares, es decir, opiniones que no
verdades. Los del siglo XIX y estos parten del mismo error: el reduccionismo que defiende que el método
científico es el único válido para conocer la realidad. Se cierran a la mirada
antropológica, psicológica, filosófica de la realidad, la desechan o ignoran,
no lo sé, pero la obvian. Lanzan un dogma teórico que no pasa la mínima prueba
del algodón al no contar en sus progresiones, porque no pueden o ni se las
creen con la variable comportamiento, creatividad o cultura. Pondré un ejemplo
facilón ¿Cómo se puede no contemplar la
variable comportamiento de toda una sociedad, de toda una cultura como
la española acostumbrada a vivir en la calle, ante la suposición de que en
enero o comienzos de febrero se hubiera limitado el movimiento y confinado a
los españoles y españolas a sus casas, sin tener casos de coronavirus? Alguien
cree que se hubiera aceptado como ahora?
Sería interesante aprovechar la oportunidad que nos brinda
este momento en el que se pone más en evidencia que nunca que para sobrevivir a
esta crisis será necesario, como lo ha sido siempre, la capacidad de
adaptación, la cooperación, la creatividad, el altruismo... y Aprovechar para superar el reduccionismo
científico de algunos y avanzar en el conocimiento de la realidad que pasa sin
duda por levantar miradas de tu disciplina y, si se quiere aportar algo
provechoso, mirar hacia otros lados, otras ciencias sociales y humanas como la
antropología, psicología, la sociología, la historia, la filosofía… e incluso,
porque no, aprender a pronunciarse desde la ciencia también desde la humildad
porque incluso hasta en la ciencia hay misterio.